Acercamiento al análisis discursivo del Primer Ministro de Canadá Mark Carney.
Sobrevivir sin fingir: Guatemala ante la ruptura del orden internacional
El reciente discurso del primer ministro canadiense Mark Carney en Davos puso palabras claras a una realidad que muchos actores internacionales prefieren suavizar: el orden internacional basado en normas no está en crisis, está en retirada, está haciendo agua y no hay marcha atrás. No asistimos a una transición ordenada, sino a una ruptura en la que el poder, la coerción económica y la resiliencia estratégica vuelven a ocupar el centro del sistema.
Para las grandes potencias, este cambio redefine liderazgos. Para las potencias medias, exige coordinación y realismo. Pero para países con economías emergentes como nuestra Guatemala, el desafío es más elemental y más severo: evitar que la debilidad estructural se traduzca en irrelevancia estratégica. El liderazgo nacional se ha perdido desde el siglo pasado, gobiernos civiles que exacerbaron el latrocinio y fomentaron la mediocridad.
El fin de la comodidad estratégica
Durante décadas, Guatemala por inercia estructural, basada en que era superior a sus pares del itsmo y, también muchos países similares, operaron bajo una lógica de bajo perfil internacional, era más sencillo y cómodo irse con la corriente: adhesión discursiva a valores universales, relaciones exteriores prudentes y dependencia funcional de un sistema que, aunque imperfecto, ofrecía previsibilidad. Ese entorno ya no existe. En Guatemala, el liderazgo internacional sostenido se empolvó y se perdió en el cúmulo de torpezas ya conocido. En un mundo donde la interdependencia se usa como arma, no decidir dejó de ser neutralidad y pasó a ser una forma pasiva de subordinación, perdimos liderazgo, lo perdimos.
Vulnerabilidad económica = exposición política
Desde el punto de vista de las Relaciones Internacionales de Guatemala (Esto es en sentido público y privado) es comprensible que el nuevo orden se vea, porque así es, que castiga una realidad incómoda y "natural" en el sentido de la poca observancia propositiva de la Cancillería Guatemalteca: porque, la vulnerabilidad económica ya no es solo un problema de desarrollo, es una debilidad política y la ausencia de liderazgo es una grave deficiencia que acelera la debilidad.
Los países no pierden soberanía cuando cooperan; la pierden cuando dependen sin alternativas, lo cual el tema de siempre, la soberanía proclamada en Westfalia ya no existe. Tucídides me lo confirmaría. Pero desde el punto de vista prospectivo, la visión debe renovarse con oxigenar las estructuras poco dinámicasa del ente rector de la Política Exterior. Hay elementos suficientes que indican de manera clara que el mundo ha cambiado, que las potencias medias, como Canada, etre otros rompiendo el "rótulo" de la condescendencia con el "big brother" deben seguir la ya imposible de detener tendencia a construir nuevas reglas de cooperación multifactoriales.
Reglas informales en un mundo sin árbitro
A medida que las normas multilaterales pierden fuerza, que aquel contexto de paradigma idealista (con la doctrina Monroe detrás relamiéndose) fracasó rotundamente y fue demostrado en dos fallidos intentos de normar esa relación miltifactual internacional (Sociedad de Naciones y Sistema de Naciones Unidas), ahora emergen reglas informales dictadas por poder relativo. Los grandes imponen, las potencias medias coordinan, y los pequeños se adaptan… o quedan fuera (quedamos fuera, no quiero reconocerlo). El mayor riesgo para Guatemala no es la exclusión formal del sistema, sino la irrelevancia funcional: ser vista solo como corredor, frontera o espacio de contención, no como socio estratégico.
Cuando un país deja de ser opción, se convierte en variable y deja de obtener el beneficio de liderar, aunque tenga todo a favor de ser líder.
Centroamérica y República Dominicana: importancia sin protección
La región centroamericana, junto con Panamá y República Dominicana, gana relevancia geopolítica como nodo logístico y zona de amortiguamiento. Sin embargo, la relevancia no equivale a protección. Sin coordinación regional efectiva, cada país negocia solo y desde la debilidad. La fragmentación regional abarata la soberanía, convirtiéndola en una mercancía de bajo valor estratégico. A la saciedad he dicho que la integración regional, seria, formal y con proyección eleva el PIB a niveles insospechados:
Resultado (PIB nominal, US$ corrientes, 2024):
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Bloque CA (Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Belice) + Panamá + Rep. Dominicana ≈ US$ 514.7 mil millones (cálculo propio con datos del Banco Mundial).
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Eso nos coloca cerca de Tailandia (~US$ 526.5 mil millones) y Austria (~US$ 534.8 mil millones) y por encima de Noruega (~US$ 483.6 mil millones); algo por debajo de Emiratos Árabes Unidos (~US$ 552.3 mil millones).
Banco Mundial (World Bank), Fondo Monetario Internacional (FMI / IMF), CEPAL, Datosmacro/Expansión, Worldometer.
El umbral mínimo de acción
Viendo estas características y nuevas exigencias internacionales, no se trata de aspirar a autonomía plena, eso es inviable, ni de buscar protagonismo global. Se trata de alcanzar un umbral mínimo de supervivencia estratégica: reducir vulnerabilidades críticas (empezando por la Cancillería), diversificar socios sin rupturas abruptas y fortalecer capacidades básicas en alimentos, energía y estabilidad fiscal. No es una agenda ideológica, es una agenda de resiliencia y consecuentemente debería convocar a todas las fuerzas económicas, políticas y sociales del itsmo para actuar en consonancia con esa visión mínima.
El mundo que emerge no recompensa las buenas intenciones ni castiga automáticamente la pobreza. Castiga la ingenuidad y encarece la debilidad mal gestionada. Para Guatemala, dejar de fingir que el viejo orden sigue vigente es el primer paso hacia una soberanía más honesta, aunque limitada.
En este escenario, la pregunta no es si Guatemala puede influir en el sistema internacional, sino si puede evitar ser arrastrado por él. La diferencia entre ambas cosas no es retórica: es estratégica.
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