La Melodía
Silenciada del Estado Guatemalteco
Rabindranath Tagore (1880) advertía que “mientras nos
pasamos afinando las cuerdas del violín, la melodía permanece callada”. En
Guatemala, esa melodía, que comprende el desarrollo, la justicia y la
recuperación de la dignidad, sigue silenciada. No por falta de instrumentos,
sino por la obstinación de reiniciar la afinación cada cuatro años, como si la
historia comenzara de nuevo con cada cambio de gobierno.
Rabindranath
Tagore. IA
La falta de continuidad en las políticas públicas no es un
accidente: es una práctica sistemática, alimentada por el revanchismo político
y la miopía institucional. Lo que se hizo bien se desmonta, se barre, se
silencia porque es éxito de otro político que no soy yo, no se evalúa y se
mantiene la fortaleza de lo actuado en favor del país no de la imagen ególatra
del político de turno. Lo que se prometió se olvida, no se ejecuta. Las
políticas públicas se redactan como cartas a “santicló”: llenas de buenos
deseos, sin diagnóstico, sin presupuesto, sin brújula. Y la melodía sigue en
silencio.
Mientras tanto, el aparato burocrático engorda. No como
columna vertebral del Estado, sino como botín. Se crean plazas sin función, se
premia la lealtad partidaria por encima del mérito y se consolida una cultura
de impunidad laboral: “a mí nadie me mueve, y si me mueven, regreso premiado con
salarios caídos”. La evaluación del desempeño es una rareza y cuando existe, no
está alineada con los fines del Estado (que incluso son constitucionales).
La política partidaria no alimenta ciudadanía: cultiva
parásitos. Se parasita el presupuesto, se parasita la institucionalidad, se
parasita la esperanza y se destruye el futuro. Y mientras tanto, la melodía
sigue callada.
Lo más grave no es el silencio, sino la resignación. Nos
hemos acostumbrado a que el violín nunca suene, a que la partitura se pierda, a
que la orquesta se disuelva antes de ensayar y lanzar el concierto. Pero aún
hay tiempo para afinar con propósito, para componer con memoria, para
interpretar con visión de Estado.
¿Cuál debería ser la ruta más sana hacia el desarrollo?
La ruta más sana no es una autopista de megaproyectos ni un
atajo populista. Es un camino largo, pero firme, que exige visión, continuidad,
evaluación, fiscalización continua con una ciudadanía activa. Guatemala no
necesita reinventarse cada cuatro años: necesita afinar su melodía
institucional y tocarla con convicción.
Los pilares esenciales son:
- Estabilidad
política y continuidad para construir solidez institucional
Gobernar no es borrar, es construir sobre lo que sirve y, antes que el fisiquín, la institución. Respetar y hacer que se respete la autoridad delegada, la ley no se cuestiona si es creada para la sociedad, se cumple. Se requiere una visión de Estado compartida, basada en pactos multisectoriales y memoria institucional. - Transformación
de los ecosistemas económicos
Fortalecer las cadenas de valor locales, reconocer que hay un enorme flujo de capital de supervivencia que se diluye en las comunidades, a veces de manera inmadura y se “gasta” no se construye, velar por proteger la biodiversidad y garantizar acceso a alimentos nutritivos. Impulsar sistemas sostenibles, resilientes e inclusivos, con pertinencia cultural. - Infraestructura
y conectividad
Sin carreteras, puertos, telecomunicaciones y energía confiables, no hay competitividad ni integración territorial. Las clicas de los grupos económicos poderosos deben dejar de entrometerse en la función pública y COMPETIR. - Educación
y capital humano
Revolución en la calidad docente, pertinencia curricular y vinculación con el mercado laboral. La educación como estrategia de movilidad social y productividad. La promoción de los idiomas y, sin duda, el respeto por la autenticidad regional. - Estado
de derecho y combate a la corrupción
Instituciones independientes, transparentes y evaluables. Marcos regulatorios que promuevan la inversión y castiguen el abuso. - Fortalecimiento
del sector productivo
Incentivos para la innovación, la exportación y el empleo digno. Un sector privado dinámico, competitivo y formal.
La melodía del desarrollo existe, no se trata de empezar y
de llevar solos el estandarte, sino de confirmar que somos una sociedad multiétnica,
plurilingüe y multicultural, entendamos eso. Solo se necesita que dejemos de
afinar en solitario y empecemos a tocar en conjunto.
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